domingo, 23 de octubre de 2011

¿Cómo así que Manizales sin agua?


Después de varias sacudidas de cabeza, tras recorrer las calles empinadas de esta Manizales sin agua me resultó pintoresco, pero también futurista, pesaroso, sobrecogedor y muy infortunado. Tanques gigantes instalados en numerosos sectores de la ciudad; adultos y niños con galones, ollas, jarras y toda clase de recipientes; yendo y viniendo, desde la madrugada hasta las horas nocturnas de un sábado en la noche, cuando lo acostumbrado es el relajo, los chorros de licor, la visita romántica, la fiesta y el baile en el Cable y los barrios populares.
Los menos de 30 segundos que pudo tardar la naturaleza en cortar el abastecimiento de agua a 360 mil seres humanos, convirtió la capital caldense en una ciudad cuya principal actividad estos días es acopiarse de agua limpia en las formas más rudimentarias.

Esta semana la ciudad retrocedió medio siglo o más, o peor aún, volvió a la cotidianidad de los barrios populares en los pueblos de Caldas hace 40 años, cuando las gentes se dedicaban a adecuar con canales hechos en guadua los nacimientos de agua para obtener el precioso líquido.
Veinte años atrás, Manizales podía mostrarse ante Colombia y el mundo como una verdadera privilegiada que había resuelto una de sus principales necesidades, pues como decían los bisabuelos -porque a los abuelos de hoy no les tocó- "con agua se hace pueblo".
En 20 años y con un acto de la naturaleza, también se derrumbó el estereotipo de una de las mejores aguas de América, por su tratamiento y su capacidad de atender a sus usuarios, hoy clientes. Parece que a cambio se montó sobre una mentira la supuesta solidez de una empresa de acueducto como Aguas de Manizales.
¿Qué va a pasar en adelante? Cada que haya un corte de agua los manizaleños tendrán que suplicar que no se repita este episodio, durará mucho tiempo -y ojalá fuera eterno- el recuerdo de estos días en los que se conjugaron una serie de factores, casi todos iniciados por el mismo hombre, y se llevaron de las llaves el agua potable.
El impacto de estos días es un abreboca de la anunciada guerra del futuro, reflejado en el conflicto que vivieron los residentes del barrio Colombia el viernes pasado, cuando dos hombres por poco se matan a disparos por un turno y la cantidad de agua que uno de ellos recogía.
Y el costo, representado en el cese de actividades educativas, la baja actividad comercial por sustracción de ciudadanos en estos días además de las miles de horas invertidas en conjunto a recoger agua y no en productividad y consumo ¿quién lo pagará? Quien dedujo de inmediato que serán los ciudadanos, está en lo correcto, porque hoy el orden está tan invertido que ser víctima parece un delito mayor, siempre son los perjudicados los obligados a pagar por los errores, malos manejos y la corrupción en gran parte de los casos, de quienes operan sus sistemas (transporte, educación, administración, servicios públicos, entre otros) y derivan de ello ganancias para empresarios y políticos dispuestos a quedarse con la limosna y con el santo.
Estos personajes a su vez argumentan que están cumpliendo con las normas regulatorias, leyes humanas, naturales y divinas, para eludir el control y el castigo. Una vez terminan su periplo por el poder, se jubilan con las manos encallecidas... pero de tanto frotárselas debido a sus éxitos individuales que a su vez son el perjuicio de las mayorías.
Este es el modelo que hoy tenemos, que hoy aceptamos y al que sólo se le están oponiendo un puñado de indignados, con una primitiva organización.
Cuántas reflexiones más me gustaría compartir, pero ha llegado mi turno de preparar las vasijas para ir por el agua que necesitaremos este día.

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