La identidad de Caldas, Quindío y Risaralda es innegable, acaban de terminar las elecciones y mientras el uribismo quedó reducido en todo el país, en el eje cafetero se afianzó, lo cual es un fortín despreciable para cualquier político, casi ningún aspirante presidencial mira para estos lados con agrado, vienen porque se les atraviesa de paso para ir de Cali o Medellín, donde están las verdaderas votaciones, fuera de Bogotá.
Casos hay en los que gobernadores de Risaralda y Quindío no son atendidos en los despachos ministeriales porque la prioridad es el Alcalde de Soacha o los gobernantes del Tolima e inclusive Nariño.
Claro, la política bien hecha debería tener en cuenta otros principios, pero como diría el negro Jackson que pasó por el Factor X: eso es lo que hay.